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Prensa Latina, primera ventana contra la intoxicación informativa

Juan Marrero
2004-06-15

En la foto: Jorge Ricardo Massetti, Fundador de Prensa Latina


Cuando el 16 de junio de 1959, hace justamente 45 años, la agencia noticiosa Prensa Latina transmitió su primera información, algunos en el mundo le dieron tres meses de vida, y otros, los más optimistas, seis meses. Pensaron que era imposible enfrentar el monopolio de desinformación de las poderosas agencias cablegráficas AP, UPI, Reuters, AFP y otras que actuaban como voceros de los dueños del dinero, en nombre de la libertad y la democracia.

Un empeño de tal magnitud se hizo posible por el triunfo de la Revolución Cubana. El sueño de las mayorías sin voz en América Latina de tener un vehículo que informase objetivamente de su realidad, expusiese sus desafíos y esperanzas, se hizo realidad en La Habana después que, convocados por el Gobierno Revolucionario de Cuba, se reunieron varios centenares de periodistas del continente en lo que se llamó Operación Verdad, efectuada en la segunda quincena de enero de 1959.

La idea se concretó en ese encuentro. Fidel Castro y Che Guevara estuvieron entre sus más ardientes impulsores. Le encargaron la tarea al periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, quien el año anterior había estado en la Sierra Maestra como reportero de Radio El Mundo, de Buenos Aires, y había escrito el libro “Los que luchan y los que lloran”, un fascinante reportaje sobre la lucha del pueblo cubano para derrocar la sanguinaria dictadura de Fulgencio Batista, apoyada por el imperialismo norteamericano.

Las oficinas centrales se instalaron en La Habana, porque aquí –dijo entonces Masetti—nació la revolución en América Latina y nosotros tenemos la misión de hacer la revolución en el periodismo de Latinoamérica.

Lo primero que hizo Masetti fue trabajar en la captación del cuerpo de redactores de Prensa Latina, integrado desde un comienzo por cubanos y de todos los países latinoamericanos. Reunió a periodistas cubanos honestos, entre ellos a Angel Augier, Francisco Portela, Angel Boán, Baldomero Alvarez Ríos, Gabriel Molina, Armando López Moosman, Alfredo Viñas, Ricardo Agacino, Severo Nieto, José Bodes Gómez, Miguel Viñas, José Luis Pérez y Joaquín Oramas, y a un grupo de recién egresados de la Escuela Profesional de Periodismo “Manuel Márquez Sterling”, entre quienes figuraban Roberto Agudo, Ricardo Sáenz, José Gabriel Gumá y el autor de esta nota. Logra que destacados profesionales latinoamericanos se sumen al proyecto, entre ellos Gabriel García Márquez (Colombia), Rodolfo Walsh, Rogelio García Lupo y Jorge Timossi (Argentina), Carlos María Gutiérrez (Uruguay), Isidro Pineda (Chile), Armando Rodríguez (México), Oscar Edmundo Palma (Guatemala), Eleazar Díaz Rangel (Venezuela) y Aroldo Wall (Brasil).

En muy poco tiempo, en apenas tres meses y medio, Masetti convierte a Prensa Latina en una verdadera escuela de periodismo revolucionario. Increíble vencedor del sueño, dirige todo el montaje del nuevo aparato informativo. Atendió la colocación de cada pieza, el más mínimo detalle, desde la selección y acondicionamiento de locales hasta la adquisición de equipos de transmisión, máquinas de escribir, burós y sillas; desde la búsqueda y análisis de las propuestas de corresponsales hasta el personal administrativo y de servicios; desde la redacción de las normas de estilo de la agencia hasta la preparación profesional de los integrantes de su redacción, en su mayoría sin experiencia alguna de trabajo para una agencia noticiosa.

Reunía a los redactores y reporteros para decirles que “las dos cualidades esenciales del periodista que trabaja en una agencia informativa son exactitud y rapidez”. Que tuviesen siempre presentes que dar exactamente una noticia y antes que los demás competidores, a los que solía identificar como la incompetencia, constituían el crédito y el éxito de una empresa informativa. Llamaba permanentemente la atención de que si el redactor o reportero se equivocaban, la agencia era la que se equivocaba, y que, por eso, el periodista no debía asegurar nada que no vea o de lo cual no tenga pruebas suficientes. El periodista, decía Masetti, no debe dejarse llevar por “lo que me dijeron”, sino que debe constatar personalmente que todos los datos que ofrezca en su crónica o artículo, sean exactos.

“No estamos creando una criatura perfecta –decía--, pero es nuestra y habrá que cuidarla. Trabajar en Prensa Latina no significa sólo ganarse dignamente el pan, sino ocupar un honorífico puesto de combate en defensa de nuestra querida patria latinoamericana”.

Todo fue hecho, para decirlo con propiedad, precipitadamente. Pero todo fue previsto, y el día de la inauguración no faltaba nada. Definió el trabajo de la agencia Prensa Latina con estas palabras: “Queremos saber quién sufre, para tratar de aliviarlo, y quién ríe, para gozar con su alegría; quién es sojuzgado para ayudarle a liberarse, y quién sojuzga para combatirlo con todas nuestras fuerzas”.

El 16 de junio se transmitió el primer despacho con la identificación PL. Todos nos paramos aquella mañana frente al teletipo donde se ponchó la cinta con aquella información. Estaba fechada en Nueva York, y recogía unas declaraciones del entonces embajador de Honduras en Naciones Unidas refutando una aviesa insinuación, lanzada al mundo por una agencia noticiosa norteamericana, que implicaba a Cuba en una revuelta militar en Honduras.

Relevantes figuras de la política y la intelectualidad latinoamericana saludaron la creación de Prensa Latina:

Salvador Allende, entonces senador por el Partido Frente de Acción Popular, dijo: “Es una gran noticia para los países latinoamericanos que, hasta el momento son poco conocidos entre sí, no obstante las esperanzas, luchas y destinos comunes. Prensa Latina está destinada a cumplir una imperiosa necesidad continental, informando en forma veraz sobre nuestra realidad...inspirada sólo en el interés de servir lealmente a los pueblos de Latinoamérica. A través de las informaciones de Prensa Latina, nos daremos la mano todos los americanos progresistas”.

El poeta chileno Pablo Neruda dijo entonces: “Monopolizar cobre es malo. Monopolizar petróleo, café, barcos, trigo, peor. Monopolizar noticias es crimen. Ya hemos sufrido bastante. Nos han informado a la fuerza de la manera de vivir norteamericana... Queremos noticias del mundo entero, sobre todo de nuestros países de América, india y latina. Ustedes son la primera ventana que dejará entrar aire. ¡Respiremos!”

Wolfgang Larrazabal, ex presidente de la Junta de Gobierno de Venezuela tras la caída del dictador Pérez Jiménez y embajador de Venezuela en Santiago de Chile en los momentos de la fundación de Prensa Latina, expresó sobre ese acontecimiento: “En el futuro las noticias nuestras se entenderán como de nuestra casa y pensadas por hombres nuestros. Los hombres de América que pensaron esa empresa merecen los más cariñosos elogios. Estimo que Prensa Latina será el primer gran paso hacia la verdadera unidad latinoamericana”.

El poeta cubano Nicolás Guillén dijo: “La creación de Prensa Latina es muy importante para todo el mundo y especialmente para América Latina ya que muchas otras agencias informativas, por factores políticos o económicos, ofrecen informaciones tergiversadas sobre los países latinoamericanos".”

El catedrático y escritor mexicano Jesús Silva Herzog manifestó entonces: “No sabemos nada de los pueblos latinoamericanos por llegarnos la información a través de AP y UPI, que son agencias cuyos corresponsales nos sirven las noticias en forma por demás tendenciosa. Estos corresponsales no entienden los problemas latinoamericanos y muchos de ellos son profundamente ignorantes, y, en general, tienen una actitud inamistosa hacia nosotros. Todo lo malo que ocurre en América Latina, lo amplifican y al amplificarlo lo tergiversan. Las mejores noticias para ellos son las peores noticias para América Latina. No les interesan los actos positivos de nuestra vida... Una agencia de noticias como Prensa Latina debe servir para lograr una mayor unión entre los pueblos latinoamericanos, para quienes quedan sólo dos caminos: ¡O nos unimos o nos hundimos!”

El novelista Rómulo Gallegos, ex presidente de Venezuela, opinó: “Le deseo muy buen éxito a Prensa Latina y abrigo la esperanza de que contribuirá al digno ejercicio de la libertad de nuestros pueblos”.

Estas declaraciones son reveladoras de que muchos en América Latina soñaron con una agencia noticiosa así, que contribuyese a acercar más a los pueblos. Jorge Ricardo Masetti, avanzando por el camino de los que luchan, logró darle cuerpo a tales justas y hermosas aspiraciones.

Desde La Habana, Prensa Latina lleva ya 45 años sirviendo a los pueblos latinoamericanos y del Tercer Mundo. Ni el bloqueo de los grandes medios, ni las represiones de gobiernos, incluido el de Washington que clausuró sus oficinas en Nueva York, ni las amenazas y acciones contra sus reporteros para impedirles diversas coberturas, han podido impedir que cumpla sus nobles objetivos de informar sobre la realidad de América Latina, silenciada o tergiversada por la prensa servidora del neoliberalismo y la economía de mercado, en fin por la prensa homogenizadora enemiga de los pueblos del continente.

Aunque con pocos recursos, en estos 45 años Prensa Latina no ha dejado un solo día de ser digna a los pueblos latinoamericanos y del Tercer Mundo, en particular a aquellos que viven en la miseria y son víctimas de la explotación, la insalubridad y la incultura a que los someten el sistema de dominio y opresión del Imperio. El espíritu inicial de Prensa Latina se mantiene muy vivo porque los problemas de América Latina y del Tercer Mundo en lugar de resolverse se han agravado.
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